Festival Seco 2017

POBLE SEC I mapa

Nuestro Colectivo OJO QUE NOS VEN organiza junto a Nuovo Cinema Inferno, Sala Nook y Azotea Casa Lola, durante el mes de Febrero de 2017 un nuevo ciclo bajo la temática: (IN)VISIBLES. Cada semana en los días señalados podemos disfrutar de las proyecciones para ir abriendo apetito antes del Festival Seco. Para finalizar el ciclo disfrutaremos de dos sesiones acompañadas de música en vivo.

PROGRAMACIÓN

CINE Y MÚSICA EN VIVO

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La chute de la maison Usher / La caída de la casa Usher

Francia, 1928, b/n.(62min)

Jueves 02 de marzo. 21h (apertura de puertas 20.30 h) Evento gratuito: Taquilla Inversa (aportación para el músico) Azotea Casa Lola (Salvá, 36).

Deudora del universo de los cuentos de terror gótico de Edgar Allan Poe, La caída de la casa Usher de Jean Epstein (1928) es una de las expresiones fílmicas de toda la historia del cine que más se ha adentrado en la dimensión desconocida de la psique humana. Y todo gracias a la máquina que él siempre consideró una revelación, el cinematográfo. Epstein, poeta y teórico polaco del cine, despliega ante los ojos del atónito espectador unos recursos estílisticos destinados a atrapar el tiempo, como si fuera un niño que mete su mano en el río para capturar su reflejo. La fotogenia, esa obsesión por el primer plano y su expresión totémica, le robó el corazón. Antropólogo de la imagen y el sonido, experimentó aquí con el ralentí y otros recursos de cámara en busca de la atmósfera esotérica de las tinieblas orgánicas de los cuentos de Poe. Los objetos cobran vida, el corazón delator que palpita con ansiedad, el viento y el peso del viento sobre los cuerpos, las sombras y las luces en la noche más horrible. Y el deseo mórbido de un pintor, Roderick, por congelar como a una mariposa, a su amada para toda la eternidad.

Natan Nexus, otro polaco casi tan ilustre -o camino va de ello- ondeará sus notas electrónicas y rasgará su violín sobre la azotea de casa Lola este próximo jueves día 02 de marzo. Nocturnos los dos, de sombra y luz alimentados por la pantalla al viento en esta velada tan esperada. Perfeccionista, místico, un virtuoso entregado a musicar proyectos mudos que lindan con la noche y sus espectros, como ya se ha visto en sesiones anteriores de ojoquenosven (Nosferatu, Metrópolis).

El sentido de la vista se verá recompensado en esta sesión. O como diría el propio Epstein: "Creo que gracias al cine sonoro debemos escuchar lo que la oreja no oye, del mismo modo que vemos por el cinematógrafo lo que se escapa al ojo. ¡Que nada pueda ser silenciado! ¡Qué sean audibles los pensamientos y los sueños!".

Miguel Ángel León Roldán

CINE Y MÚSICA EN VIVO

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SELECCIÓN DE CORTOS DE JAN ŠVANKMAJER

Domingo 05 de marzo en Sala Nook de Poble Sec.(20.00 h) - Color y b/n. 40 min aprox. Evento precedido de Taller de Stop-Motion que realizarán nuestros amigos de LA ACADEMIA DE ANIMACIÓN. (19.00 h)

- Aportación para el músico de 4 eur.

Švankmajer rima con Oscar Mayer

Ni el más avispado de los fabricantes de embutidos vería la relación entre el animador checo y la fabricación ingente de fuets, chorizos y longanizas para ser masticados lentamente. Y es que si algo caracteriza al maestro checo es su derrama visual en desmembramientos, comidas, materias como la plastilina, la arcilla y el papel, y objetos como máquinas, muñecas antiguas, esqueletos de animales, etc. Todos ellos en constante entrada y salida del aparato digestivo del espectador. Agitador impenitente del relajamiento neuronal del statu quo, suele sacudir las conciencias para provocar y conspirar hacia la libertad absoluta del individuo gracias a la imaginación subversiva. En su decálogo (1999), donde da a conocer sus ideas sobre el arte y la creación artística, deja, entre otras perlas de valor incuestionable, una consigna que debería ser reflexionada en tiempos de miseria moral como la nuestra: “No pongas jamás tu creación al servicio de otra cosa que no sea la libertad”.

Para oír, siente las ondas

Pocos músicos de estatura mediana de la calidad de Esteban Maturana (Matuke) pueden decir que han jugado a la rayuela en la composición de sus músicas. Desde agosto de 2014 colectivo ojoquenosven empezara a inflamar exponencialmente sus neuronas con miríadas de fotogramas teñidos de combustible, el chileno dio la cara y saltó con gusto a la dimensión desconocida. Desde entonces, nos bombeó el corazón con los ritmos autóctonos y tribales de Soy Cuba, nos distorsionó el sentido de la realidad en El Gabinete del Dr. Caligari induciéndonos al sueño etílico y nos llevó de la mano con los ojos inyectados en sangre hacia más allá del principio del placer con Tetsuo, el hombre de hierro. Dioniso, con gafas de pasta y esmoquin, bailaba cyberpunk aquella noche. Mítico.

Para la composición de su último trabajo, la presente selección de cortos de Jan Švankmajer, las malas lenguas dicen que el chileno le ha restado horas de sueño al día, que ha pactado con el diablo de la perversidad y que incluso se ha dejado ver púb(l)icamente en los bares en busca de inspiración, según afirman fuentes contrastadas.Tomen el pulso al denodado esfuerzo de este virtuoso de la mesa de mezclas en una de las sesiones que aventuran ser materia líquida. Matuke bien podría haber firmado las palabras de Švankmajer cuando decía aquello de: "Soy una mano con seis dedos palmeados. En lugar de uñas tengo pequeñas lenguas puntiagudas y glotonas con las que lamo el mundo".

Jan Švankmajer: Organismo pluricelular checo mezcla de pan, tomate, huevo, pimiento, ajo, sal y agua. Compuesto proactivo rico en bífidos y omega 3. Sus células viven en continua ebullición. Se desconocen por lo tanto las formas virales de propagación y sus ulteriores consecuencias para la psique y el comportamiento locomotor. Muy desmenuzado en la expresión estética y batido en el interior, gracias a lo cual resulta un puré surrealista de alta cocina y exquisito gusto.

Para ver, cierra los ojos

“Para ver cierra los ojos” es el título del único libro publicado en España íntegramente sobre el artista por la editorial riojana Pepitas de Calabaza (“una editorial con menos proyección que un cinexín”). En él se desgranan entre entrevistas, declaraciones y manifiestos el ímprobo trabajo de Jan Švankmajer como maestro de la animación. Sus casi treinta cortometrajes basados en el principio del stop motion y seis películas configuran una personalidad artística desbordante e imposible de clasificar dentro de los cánones del cine institucional. Acercarnos a la obra de Švankmajer es un ejercicio integral en la experiencia estética. Él, que siempre defendió la sinestesia como método de conocimiento intuitivo entre las formas del inconsciente creador, solía abrirse las tripas delante de todos nosotros para enseñarnos la naturaleza de los deseos reprimidos por la sociedad más castradora. La de su época y la de todas.

“La animación es magia, y el animador un chamán”

Librepensador por encima de todo, artista, escultor, diseñador y poeta. Sus fuentes de inspiración se hunden en la tradición pictórica de Arcimboldo, Max Ernst, Magritte, Giorgio de Chirico o El Bosco, y en las mitologías literarias de Kafka, Meyrink, Poe o Carroll. Integrante del grupo surrealista checo, su experiencia en el teatro de máscaras, teatro de marionetas y en la Linterna Mágica le condujo hacia una epifánica entrada en el mundo de la animación de los objetos. A estos los miró siempre con respeto y una escucha atenta, sabedor de que aquellos son portadores de la magia y de las experiencias de un mundo que vivieron y siguen viviendo. Volverlos a animar es un ejercicio de revivir esa magia implícita y establecer la analogía entre su vida latente y nuestras experiencias del inconsciente.

Miguel Ángel León Roldán

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Sábado 04 de Febrero 2017 -21.00 h.- "TERRORE NELLO SPAZIO" Director: Mario Bava. Italia, 1965. 86 min. VOSE

NUOVO CINEMA INFERNO

En un futuro próximo, un grupo de astronautas es enviado a investigar un extraño planeta, Aura, respondiendo a una transmisión de radio. Pero se encuentran con que está dominado por una fuerza extraña contra la cual tendrán que luchar.

La relación de esta obra con la invisibilidad es explicita pero no por eso mas obvia o banal. Lo invisible se vuelve visible y de nuevo invisible, donde y cuando menos te lo esperas. Es bueno, malo, amigo, enemigo. Uno de los tantos ejemplos de películas maltratadas durante años y después revalorizadas. Eran los años donde el cinema de genero dominaba en toda Europa, en particular en Italia, y cuando la mayoría de los directores estaban obligados a intentarlo todo. Algunos lograban solo llenar las cajas, otros lograban grabar grandes películas para la posteridad, desde las cuales muchos otros extraían ideas (la mayoría de las opiniones coinciden con que “Terrore nello spazio” fue una fuente importante, sino decisiva, para la inspiración de “Alien”). Mario Bava pertenecía a esta segunda categoría y esta proyección quiere ser tanto una propuesta de re-descubrimiento del género cuanto un homenaje a aquel que ha sido uno de los maestros absolutos de los colores psicodélicos y de los efectos especiales obtenidos con presupuestos super reducidos.

Cosimo Tacinelli

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Domingo 12 de Febrero 2017 - "EL TRAJE" Director: Alberto Rodríquez. España, 2002. 102 min. VE

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Fue su primer largometraje en solitario, la historia de Patricio (Eugenio José Roca), que ni era romano ni se paseaba con toga por las calles de Sevilla. Fue la historia del encuentro con Manuel Morón (alias Pan con Queso) un buscavidas con más solera a sus espaldas que el pícaro quevediano. Ahora se entiende lo del "A mí no me la das ni con queso", pues es de su mano como accedemos a la realidad más hostil y desangelada de la miseria y la servidumbre a la comida, el dinero y las apariencias sociales.

El traje como símbolo, como elemento visibilizador de la presencia de uno en compañía de los otros. El traje como etiqueta social, económica y garantía del trato favorecido entre los seres humanos. El traje como distintivo, imagen del éxito. Su ausencia, la desconfianza, el descrédito, el desprecio, los gritos, los golpes, la nulidad. Y el juego equívoco que genera entre aquellos que están hermanados, muertos de hambre o no, por dejar las apariencias y ver el corazón honesto del otro. Porque en el fondo, la historia de Alberto Rodríguez (Sevilla, 1971) explora la cuestión del respeto, la posición de igual que tenemos con el otro cuando lo vemos. Más allá de toda circunstancia material, el hecho necesario de abrir los ojos y simplemente ver.

Diálogos ingeniosos hechos a la medida del traje, salpicados por la gracia y el desparpajo de un Manuel Morón espléndido en su retrato personal del mendigo venido a menos que saca pecho ante los chubascos de los días grises. Eugenio José Roca, el africano obstinado en su perseverancia, íntegro a su manera, perseguidor sin descanso de unos valores perdidos en la vieja y pícara España de los años 2000, qué remedio, la necesidad manda. Alberto Rodríguez insinuó en esta cinta algunas de sus preocupaciones como el cineasta magnífico que es: la denuncia social de una realidad desplazada fuera de foco social y personal (El Traje, La isla mínima), el laberinto de espejos de las apariencias (El hombre de las mil caras) y, sobre todo, el reencuentro con la verdad personal e histórica (7 vírgenes, Grupo 7, La isla mínima ) por dolorosa que sea.

Miguel Ángel León Roldán

"ZELIG" Director: Woody Allen. EUA, 1983. 76 min. b/n. VOSE

Par délicatesse j'ai perdu ma vie. Rimbaud

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No sé qué se estudia hoy día en las escuelas de psicología y en los institutos, pero creo que Zelig, la fantástica película de Woody Allen, debería trabajarse a fondo. De este modo, los psicólogos entenderían mejor a sus pacientes cuando se encontraran con casos en los que el marido se pone a escondidas la ropita interior de su señora madre y se pasea sin depilarse por la habitación de matrimonio. Los padres sin duda también comprenderían mejor por qué cuando la adolescente que ven en el parque el sábado a media tarde -que bien podría ser su hija- con pajitas de refresco en las orejas, borracha hasta las trancas, se pone al lado del chico que le gusta para hacerle bromas poco trabajadas, es que está haciendo un esfuerzo denodado por declararse.

Ya sé que me dirán que lo anterior nada tiene que ver con Zelig (1983), película de Woody Allen. O sea, ese longevo director neoyokino con más de cincuenta películas en su carrera en las que da un soberano repaso a esos temazos de barra de bar como son la existencia de Dios, la filiación judía, el desamor, las relaciones de pareja y la crisis en todo su amplio espectro. Sin ir más lejos, esas y otras menudencias son por las que nos devanamos los sesos en este tiempito al que llamamos vida. Entender un poco mejor todo eso es congeniar con los demás y vivir algo más en paz. Porque si uno sigue de cerca la formidable recreación documental de la vida de Zelig, se adentra en uno de los mejores fakes en blanco y negro de la historia del cine, comparable a F for Fake de Orson Welles. No olvidemos que la lista de cameos que acompaña al fraude es inmejorable y eso siempre luce: Susan Sontag, Irvin Howe, Saul Bellow, Bruno Bettelheim, etc.

Zelig es una hipérbole de cada uno de nosotros. Todo lo que hacemos como seres sociales lo hacemos, en realidad, para ser más queridos y reconocidos por los otros. Tanto si hablamos de los amigos como de la pareja, de los compañeros de trabajo como del jefe, de la familia como de ese desconocido de una noche cualquiera, a fin de cuentas lo que verdaderamente nos importa es sentirnos arropados, reconocidos y queridos. ¿Qué debería ser sino la amistad, el amor o la familia? Pues ese lugar idílico -bastante irreal ¿verdad?- donde nos sentimos bien tal y como somos. Y Zelig será siempre uno de los nuestros, pese a quien pese y cueste lo que cueste porque es el camaleón humano capaz de convertirse en lo que él quiera. La ecuación reza así: si yo soy igual que los demás estos me aceptarán. Así se despliega la variopinta galería de personajes a los que copiar, ya sea tanto un cantante de jazz como un luchador de sumo o un intelectual atildado. Lo que importa es pasar inadvertido, pasar como un igual para ganarse el cariño de los demás.

Aunque para ser un conformista extremo como Zelig hay que pagar un alto precio: perder la propia identidad. Dejar de de ser visible tal y como eres para aparentar justo lo contrario. Como si fuera Pessoa, Zelig -¿y quién de nosotros no lo ha hecho más de una o tres veces?- juega al juego de ser un fingidor. Engañar es lo suyo y de este modo se siente seguro en la zona de confort de los demás. Los problemas siempre vienen cuando te encuentras con Mia Farrow, vaya, o con aquel o aquella que está igual de perdido que tú y en vuestra perdición se caen las máscaras y se va todo al carajo. Y entonces es cuando empiezas a sentirte normal, es decir, que puedes ir por el mundo sin que pienses que te va a pillar un trolebús a cada instante o creas que te van a tomar el pelo y se van a mofar en tu cara por decir que te gusta el Logroñés o que bailas si te ponen Azúcar Moreno en la disco. Zelig es liberador porque esconde una gran verdad: ser lo que tú eres tiene un precio y hay que estar dispuesto a pagarlo. A veces da gusto ponerse la careta y bailarle el agua a los demás, pero no hay mayor triunfo que coger las riendas de tu propia vida y salir por la puerta grande.

Siempre que no te hayas venido demasiado arriba bailando y tenga que ponerte el portero de patitas en la calle.

Miguel Ángel León Roldán